El reflujo que no es ácido
Durante años, a muchos pacientes se les ha dicho que su malestar digestivo es cuestión de dieta, de peso o de nervios.
Algunos, en efecto, lo son. Otros no.
Existe un reflujo que no proviene del ácido, sino de la bilis. Se llama reflujo duodenogástrico. La bilis regresa del duodeno al estómago, y en ocasiones sube hasta el esófago. Quema, duele, provoca náusea, y los medicamentos para la acidez casi nunca lo controlan.
Aparece con más frecuencia en quienes han tenido cirugías del estómago. También puede presentarse en personas con la vesícula extirpada, aunque no todo síntoma posterior a esa operación es reflujo biliar. Distinguir una causa de otra es el primer paso, y no se logra sin estudios.
Después de más de cuarenta años de cirugía, he visto llegar a mi consulta a pacientes de varios países, con años de sufrimiento y diagnósticos que no coincidían. Lo que más me llama la atención es el escaso interés que esta enfermedad despierta entre gastroenterólogos, cirujanos y endoscopistas.
Por eso celebro que se hable del tema, y quiero aportar tres ideas.
Primera: el diagnóstico es objetivo. Endoscopia, medición del reflujo y estudios funcionales permiten confirmar o descartar la enfermedad.
Segunda: el tratamiento debe ser individual. Hay medidas médicas, y hay casos en que la cirugía, bien indicada, devuelve calidad de vida. En mi práctica he preferido conservar el antro y el píloro siempre que es posible, y cuando se requiere derivar, la Y de Roux ha sido mi opción más confiable.
Tercera: el paciente merece ser escuchado. El dolor que no se ve sigue siendo dolor.
Si usted sufre de estos síntomas, no se resigne a una explicación que no lo convence. Busque una segunda valoración con un especialista que conozca esta enfermedad.
Y si es colega, lo invito a sumarse. Entre más médicos la reconozcan, menos pacientes sufrirán en silencio.
Dr. Octavio Rojas Díaz, FACS
Director médico, Gastrocirugía Avanzada
Ciudad de México
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