¿Y si el problema real no fuera el órgano enfermo, sino sus mitocondrias?
Actualizado: 26 ago
Durante décadas, la medicina ha centrado gran parte de sus esfuerzos en el tratamiento del órgano afectado. Sin embargo, la investigación contemporánea indica que, en numerosas enfermedades, el origen del problema se sitúa en un nivel más fundamental: el nivel celular.
Las mitocondrias son orgánulos presentes en prácticamente todas las células y se conocen como las "centrales energéticas" del organismo. Su función principal es la producción de ATP (adenosín trifosfato), la molécula que proporciona la energía necesaria para el correcto funcionamiento de cada célula.
A pesar de representar una fracción muy reducida del volumen celular, son responsables de la generación de más del 90 % de la energía utilizada por el organismo. Sin un aporte energético adecuado, ningún tejido puede desempeñar sus funciones de manera óptima.
No obstante, las mitocondrias cumplen funciones adicionales a la producción de ATP. Intervienen en la regulación del metabolismo, el equilibrio del calcio intracelular, la generación de especies reactivas de oxígeno, la apoptosis (muerte

celular programada) y la modulación de la respuesta inmunitaria. En consecuencia, cualquier alteración en su funcionamiento puede tener repercusiones en prácticamente todos los sistemas orgánicos.
En la actualidad, se reconoce que la disfunción mitocondrial contribuye al estrés oxidativo, favorece un estado de inflamación crónica de bajo grado y participa en el desarrollo de enfermedades metabólicas, cardiovasculares, neurodegenerativas e incluso de determinados tipos de cáncer.
En el ámbito de la gastroenterología, las mitocondrias desempeñan igualmente un papel fundamental. Son esenciales para mantener la integridad de la barrera intestinal, preservar la función de la mucosa digestiva, facilitar la reparación tisular y regular la respuesta inflamatoria intestinal. Su disfunción incrementa la vulnerabilidad del aparato digestivo y favorece la aparición de diversas patologías.
La medicina del siglo XXI invita a adoptar una perspectiva más integradora: no resulta suficiente identificar el órgano afectado; es necesario comprender los procesos que tienen lugar a nivel celular. En numerosas ocasiones, la enfermedad se inicia cuando la célula pierde la capacidad de producir la energía necesaria para mantener su homeostasis.
Dr. Octavio Rojas Díaz

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